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Mientras exista lucha, habrá esperanza. (at Escuela Nacional de Bellas Artes)
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Mientras exista lucha, habrá esperanza. (at Escuela Nacional de Bellas Artes)

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Ese momento incomodo en el que preguntan si te dejas la barba para parecerte a la caricatura o porque así te gusta :) (at Parque Kennedy - Miraflores)
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Ese momento incomodo en el que preguntan si te dejas la barba para parecerte a la caricatura o porque así te gusta :) (at Parque Kennedy - Miraflores)

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“La originalidad son dos cosas mezcladas por primera vez” (at Parque Kennedy - Miraflores)
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“La originalidad son dos cosas mezcladas por primera vez” (at Parque Kennedy - Miraflores)

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Aventuras en la Combi: Nunca falta la tía friolenta que pide que cierren todas las ventanas porque sino le dá pulmonía. (at Parque Kennedy - Miraflores)
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Aventuras en la Combi: Nunca falta la tía friolenta que pide que cierren todas las ventanas porque sino le dá pulmonía. (at Parque Kennedy - Miraflores)

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Ese momento incómodo en el que te piden ver tu celular… 💀👊✨ (at Starbucks Coffee)
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Ese momento incómodo en el que te piden ver tu celular… 💀👊✨ (at Starbucks Coffee)

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«Llega la primavera, y por las calles de la ciudad ella se mueve danzando, su corazón es tan hermoso que las flores crecen mientras avanza» @ballerinaproject_ 
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fotografía, edición, ilustración: emarts // bailarina: jimena t. (at Parque Kennedy)
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«Llega la primavera, y por las calles de la ciudad ella se mueve danzando, su corazón es tan hermoso que las flores crecen mientras avanza» @ballerinaproject_
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fotografía, edición, ilustración: emarts // bailarina: jimena t. (at Parque Kennedy)

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¡Feliz Día del Zurdo!
Un abrazo a todos aquellos que teníamos que sentarnos de lado en el pupitre porque el codo chocaba con el del compañero diestro :) (at La Lucha - Sangucheria)
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¡Feliz Día del Zurdo!
Un abrazo a todos aquellos que teníamos que sentarnos de lado en el pupitre porque el codo chocaba con el del compañero diestro :) (at La Lucha - Sangucheria)

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Baladas de la 73
El nuevo conjunto musical que está marcando tendencia en los micros. (at Parque Kennedy - Miraflores)

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«¿Qué tiene de malo la muerte, señor? De qué estamos tan mortalmente asustados? Por que no tratar la muerte con ciertas dosis de humanidad, dignidad, decencia y, si no hay otro remedio, con humor. La muerte no es el enemigo señores. Si vamos a luchar contra la enfermedad hagámoslo contra una de las peores que existen, la indiferencia»
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—Robin Williams (Patch Adams, 1998) (at Parque Kennedy - Miraflores)
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«¿Qué tiene de malo la muerte, señor? De qué estamos tan mortalmente asustados? Por que no tratar la muerte con ciertas dosis de humanidad, dignidad, decencia y, si no hay otro remedio, con humor. La muerte no es el enemigo señores. Si vamos a luchar contra la enfermedad hagámoslo contra una de las peores que existen, la indiferencia»
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—Robin Williams (Patch Adams, 1998) (at Parque Kennedy - Miraflores)

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Macho que se respeta pide su #Pinkberry con hartos toppings. (at Pinkberry Parque Keneddy)
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Macho que se respeta pide su #Pinkberry con hartos toppings. (at Pinkberry Parque Keneddy)

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LAS COSAS QUE TE GUSTAN
Les pregunté a mis alumnos qué comían en casa. Era la primera clase del ciclo y debíamos conocernos antes de zambullirnos en un semestre de sano sufrimiento académico. Carrera de comunicaciones. Una universidad cara pero sin árboles. El imponente estacionamiento de automóviles contrastaba con una biblioteca de periodismo más modesta que mis estantes. La crisis de la educación peruana. El salón de clases acogía a una docena de estudiantes de clase media para arriba, cuya mayoría encarnaba una curiosa paradoja: querían ser periodistas pero no les gustaba leer. Mi caso no era mejor: era profesor pero detestaba enseñar.
–Yo como de todo– respondió una estudiante mascando un chicle–. Pero no me gustan los pallares. Tampoco el zapallo ni el locro. Los odio.
–A mí no me gustan las sopas –dijo un alumno flaco como un tenedor–. Me parecen aburridas. Comida de abuelita.
–Yo soy igual –añadió otro–. Una vez comí un chupe y me cayó mal. Puajjj. Nunca más.
–A mí no me gustan las vísceras. Choncholí, rachi y esas cosas no las paso.
–Yo lo que no paso es el cuy. Podrá ser patriótico comerlos, pero veo uno y me recuerda una rata.
Iba a sumarme a la serie de disgustos. Detestaba las anchoas, y la mazamorra de papa de Churín aún me sabe a pezuña de muerto. Pero quería ser fiel a la pregunta original.
–No me interesa lo que odian o lo que les parece fuchi –aclaré con pedagógica rotundidad–. Les pregunté qué platos sirven en sus casas. Lo que preparan papá o mamá o quien sea que cocine donde viven.
La repregunta –como toda repregunta– ayudó a pensar. Después de los primeros berrinches –ay, no, yo eso no como–, cada quien expuso lo que comía –cancha, carapulcra, pastas, ensaladas de quinua, pollo a la plancha, pastel de papa, sopa de chochoca, snacks–. La mesa nunca miente. Eres lo que comes. En ese salón había descendientes de serranos, costeños, selváticos, europeos, árabes y uno que otro desubicado. ¿Quién se nutre de snacks y lo dice con orgullo?
Durante mucho tiempo me intrigó entender el porqué de las primeras respuestas. Me divertía imaginando algunas variantes.
–¿Qué música te gusta?–Detesto a Arjona.
–¿Qué te gusta leer?–Odio la autoayuda.
–¿A qué chica de la tele te llevarías a la cama?–Jamás a Laura Bozzo.
–¿Qué pose te gusta?–…
El ejercicio podría arrojar resultados inesperados.
¿Por qué los chiquillos me hablaron de lo que les disgustaba cuando les había preguntado lo contrario? Quizá se trataba de la actitud típica de los típicos limeños adolescentes en fase “yo no como-hago-visto esto porque no soy parte del montón, ¿me entiendes?”. Pero era más complejo que eso. Definirte por negación (no me gusta esto; ¿mote?, no, yo no) es una reacción fácil y te compromete menos que decir lo que te gusta o lo que en realidad eres. Sobre todo cuando estás en grupo y todos tratan de parecer más o menos “cool” o más o menos “limeño de Lima” o más o menos “blanco-clase media para arriba-con camioneta-y vacaciones fuera del país”. Es decir, más o menos como todos quisieran ser pero como en el fondo casi nadie es.
Nadie se parece a nadie. Todos somos distintos. Venimos de muchos lados. Nuestros padres son de aquí y de allá. Y en el fondo de nuestras sucias pancitas somos lo que somos y nos encanta lo que nos encanta. No hay razón lógica para no compartir nuestra historia personal. Algo divertido de ser peruano es poder admirar lo retorcidas que pueden ser nuestras raíces. Los chicos de aquella clase, como en toda clase, eran el futuro del país. Qué miedo. Y por tal motivo –y con perdón de la palabra– era importante desahuevarlos.
❉ ❉ ❉
Los periodistas pasamos demasiado tiempo hablando de lo que no nos gusta. De lo mal que está todo. 
Vemos la televisión nacional para empalar a los presentadores. Galdós, ahora súbete al nalgómetro. Álamo, arrodíllate ante mí y suplícame que te perdone. Federico, te gusta narrar crímenes escabrosos, ¿no es así? Date vuelta.
Escarbamos en los muladares de la política para castigar a los que merecen castigo. Muere, Mudo ratero. Alan, mediocre, ladronzuelo, vulgarcillo, te odio. Toma esto. Keiko, trabaja, pero antes devuélvenos la plata, mantenida de M. Y así.
Añadimos bulla a la bulla. Y nos aplaudimos. Qué críticos somos. Qué dignos. Qué inteligentes. Lo malo es el pueblo que siempre elige a la chusma y vive esclavo de la señal abierta y de sus noticieros. De Nicolás, de Mónica. Qué pena. Eso decimos.
Las lacras no necesitan de buenos comentarios para prosperar, tampoco sufren mucho con los diatribas. Seamos realistas. Ningún programa basura cierra porque le dices “fuchi” en tu muro de Facebook. El Mudo persistirá en la política aunque escribas “choro” cien mil veces en tu cuaderno. La tele y los politicastros son especies sucias: les encanta la bulla, hacen todo por el ruido, se dejan coger los huevos, perpetran poemillas, cuelgan calzones amarillos. Son como el lado oscuro de la fuerza: tu odio les da coraje. “Ladran, Jorgito”, dirá Alan en sus cuarteles mientras estudia el Twitter. “Es señal de que avanzamos”.
Los abuelos dan buenos consejos. Lo mejor que puedes hacer con un niño que se porta mal es ignorarlo. También funciona con los perros. Cuando ladran por atención, basta que les des la espalda: el silencio los desubica. Igual ocurre con los bodrios de la tele y la política: prosperan cuando les haces caso y agonizan cuando no tienen rating. 
Mi propuesta es bastante ingenua. Qué tal si en lugar de hablar tanto de lo que nos disgusta empezamos a hablar, también, y cada vez con más fuerza, sobre lo que nos gusta. Sobre lo que nos encanta. Sobre lo que nos hace felices. 
¿Qué tal si en lugar de decirles a nuestros amigos, seguidores y fans que no vean ese programa donde chicas en tanguita hablan de geopolítica, o aquel noticiero donde Federico narra una y otra vez que papá violó a su menor hija, o la serie donde a la campesina le dicen india, animal, apestas; qué tal, digo, si en lugar de seguir renegando contra Keiko y el Mudo y García y los congresistas que matan perros y los curacas que asesinan a sus vecinos; qué tal, amigos, si en lugar de hablar tanto de lo feo que es todo les decimos a nuestros amigos, seguidores y fans qué programas vemos, qué historias leemos, en qué personas confiamos? ¿Qué tal si compartimos las cosas que nos hacen felices, si dejamos de propagar el pesimismo, si damos señales de esperanza? A menos que sea cierto el rumor: dicen que ya nada tiene sentido porque empezó la sexta extinción.
¿Dime por quién votar, en quién creer, a quién seguir?
¿Qué leer, qué escuchar, qué beber y qué comer sin que me mate?
¿Dónde están las oportunidades, dónde hay trabajo, dónde hay amor? 
¿En qué canal pasan las buenas noticias de la vida?
¿Dónde te enseñan que no importa lo que vistas, ni dónde vivas, ni dónde estudies, porque lo único valioso es lo que vas a hacer con las manos y la cabeza? 
¿Adónde se fue la casita de chocolate que nos encantaba cuando éramos pequeños? ¿Cuál es la dirección del país de la fantasía? ¿Qué dulces comen en tu casa?
¿Qué tal si nos desahuevamos con cariño?
+++
Dibujito de Daniela Zamalloa Rubio
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LAS COSAS QUE TE GUSTAN

Les pregunté a mis alumnos qué comían en casa. Era la primera clase del ciclo y debíamos conocernos antes de zambullirnos en un semestre de sano sufrimiento académico. Carrera de comunicaciones. Una universidad cara pero sin árboles. El imponente estacionamiento de automóviles contrastaba con una biblioteca de periodismo más modesta que mis estantes. La crisis de la educación peruana. El salón de clases acogía a una docena de estudiantes de clase media para arriba, cuya mayoría encarnaba una curiosa paradoja: querían ser periodistas pero no les gustaba leer. Mi caso no era mejor: era profesor pero detestaba enseñar.

–Yo como de todo– respondió una estudiante mascando un chicle–. Pero no me gustan los pallares. Tampoco el zapallo ni el locro. Los odio.

–A mí no me gustan las sopas –dijo un alumno flaco como un tenedor–. Me parecen aburridas. Comida de abuelita.

–Yo soy igual –añadió otro–. Una vez comí un chupe y me cayó mal. Puajjj. Nunca más.

–A mí no me gustan las vísceras. Choncholí, rachi y esas cosas no las paso.

–Yo lo que no paso es el cuy. Podrá ser patriótico comerlos, pero veo uno y me recuerda una rata.

Iba a sumarme a la serie de disgustos. Detestaba las anchoas, y la mazamorra de papa de Churín aún me sabe a pezuña de muerto. Pero quería ser fiel a la pregunta original.

–No me interesa lo que odian o lo que les parece fuchi –aclaré con pedagógica rotundidad–. Les pregunté qué platos sirven en sus casas. Lo que preparan papá o mamá o quien sea que cocine donde viven.

La repregunta –como toda repregunta– ayudó a pensar. Después de los primeros berrinches –ay, no, yo eso no como–, cada quien expuso lo que comía –cancha, carapulcra, pastas, ensaladas de quinua, pollo a la plancha, pastel de papa, sopa de chochoca, snacks–. La mesa nunca miente. Eres lo que comes. En ese salón había descendientes de serranos, costeños, selváticos, europeos, árabes y uno que otro desubicado. ¿Quién se nutre de snacks y lo dice con orgullo?

Durante mucho tiempo me intrigó entender el porqué de las primeras respuestas. Me divertía imaginando algunas variantes.

–¿Qué música te gusta?
–Detesto a Arjona.

–¿Qué te gusta leer?
–Odio la autoayuda.

–¿A qué chica de la tele te llevarías a la cama?
–Jamás a Laura Bozzo.

–¿Qué pose te gusta?
–…

El ejercicio podría arrojar resultados inesperados.

¿Por qué los chiquillos me hablaron de lo que les disgustaba cuando les había preguntado lo contrario? Quizá se trataba de la actitud típica de los típicos limeños adolescentes en fase “yo no como-hago-visto esto porque no soy parte del montón, ¿me entiendes?”. Pero era más complejo que eso. Definirte por negación (no me gusta esto; ¿mote?, no, yo no) es una reacción fácil y te compromete menos que decir lo que te gusta o lo que en realidad eres. Sobre todo cuando estás en grupo y todos tratan de parecer más o menos “cool” o más o menos “limeño de Lima” o más o menos “blanco-clase media para arriba-con camioneta-y vacaciones fuera del país”. Es decir, más o menos como todos quisieran ser pero como en el fondo casi nadie es.

Nadie se parece a nadie. Todos somos distintos. Venimos de muchos lados. Nuestros padres son de aquí y de allá. Y en el fondo de nuestras sucias pancitas somos lo que somos y nos encanta lo que nos encanta. No hay razón lógica para no compartir nuestra historia personal. Algo divertido de ser peruano es poder admirar lo retorcidas que pueden ser nuestras raíces. Los chicos de aquella clase, como en toda clase, eran el futuro del país. Qué miedo. Y por tal motivo –y con perdón de la palabra– era importante desahuevarlos.

❉ ❉ ❉

Los periodistas pasamos demasiado tiempo hablando de lo que no nos gusta. De lo mal que está todo. 

Vemos la televisión nacional para empalar a los presentadores. Galdós, ahora súbete al nalgómetro. Álamo, arrodíllate ante mí y suplícame que te perdone. Federico, te gusta narrar crímenes escabrosos, ¿no es así? Date vuelta.

Escarbamos en los muladares de la política para castigar a los que merecen castigo. Muere, Mudo ratero. Alan, mediocre, ladronzuelo, vulgarcillo, te odio. Toma esto. Keiko, trabaja, pero antes devuélvenos la plata, mantenida de M. Y así.

Añadimos bulla a la bulla. Y nos aplaudimos. Qué críticos somos. Qué dignos. Qué inteligentes. Lo malo es el pueblo que siempre elige a la chusma y vive esclavo de la señal abierta y de sus noticieros. De Nicolás, de Mónica. Qué pena. Eso decimos.

Las lacras no necesitan de buenos comentarios para prosperar, tampoco sufren mucho con los diatribas. Seamos realistas. Ningún programa basura cierra porque le dices “fuchi” en tu muro de Facebook. El Mudo persistirá en la política aunque escribas “choro” cien mil veces en tu cuaderno. La tele y los politicastros son especies sucias: les encanta la bulla, hacen todo por el ruido, se dejan coger los huevos, perpetran poemillas, cuelgan calzones amarillos. Son como el lado oscuro de la fuerza: tu odio les da coraje. “Ladran, Jorgito”, dirá Alan en sus cuarteles mientras estudia el Twitter. “Es señal de que avanzamos”.

Los abuelos dan buenos consejos. Lo mejor que puedes hacer con un niño que se porta mal es ignorarlo. También funciona con los perros. Cuando ladran por atención, basta que les des la espalda: el silencio los desubica. Igual ocurre con los bodrios de la tele y la política: prosperan cuando les haces caso y agonizan cuando no tienen rating. 

Mi propuesta es bastante ingenua. Qué tal si en lugar de hablar tanto de lo que nos disgusta empezamos a hablar, también, y cada vez con más fuerza, sobre lo que nos gusta. Sobre lo que nos encanta. Sobre lo que nos hace felices. 

¿Qué tal si en lugar de decirles a nuestros amigos, seguidores y fans que no vean ese programa donde chicas en tanguita hablan de geopolítica, o aquel noticiero donde Federico narra una y otra vez que papá violó a su menor hija, o la serie donde a la campesina le dicen india, animal, apestas; qué tal, digo, si en lugar de seguir renegando contra Keiko y el Mudo y García y los congresistas que matan perros y los curacas que asesinan a sus vecinos; qué tal, amigos, si en lugar de hablar tanto de lo feo que es todo les decimos a nuestros amigos, seguidores y fans qué programas vemos, qué historias leemos, en qué personas confiamos? ¿Qué tal si compartimos las cosas que nos hacen felices, si dejamos de propagar el pesimismo, si damos señales de esperanza? A menos que sea cierto el rumor: dicen que ya nada tiene sentido porque empezó la sexta extinción.

¿Dime por quién votar, en quién creer, a quién seguir?

¿Qué leer, qué escuchar, qué beber y qué comer sin que me mate?

¿Dónde están las oportunidades, dónde hay trabajo, dónde hay amor? 

¿En qué canal pasan las buenas noticias de la vida?

¿Dónde te enseñan que no importa lo que vistas, ni dónde vivas, ni dónde estudies, porque lo único valioso es lo que vas a hacer con las manos y la cabeza? 

¿Adónde se fue la casita de chocolate que nos encantaba cuando éramos pequeños? ¿Cuál es la dirección del país de la fantasía? ¿Qué dulces comen en tu casa?

¿Qué tal si nos desahuevamos con cariño?

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Dibujito de Daniela Zamalloa Rubio

Vía: larepublica.pe

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El bostezo es la manera del cuerpo de decir “Te queda 20% de batería”. (at Parque Kennedy - Miraflores)
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El bostezo es la manera del cuerpo de decir “Te queda 20% de batería”. (at Parque Kennedy - Miraflores)

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Fiorella dice: «Cuando escucho a una mujer decir que ‘todos los hombres son iguales’ me acerco y le digo: ¿No será que todas tus decisiones son estúpidas» (at Parque Kennedy - Miraflores)
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Fiorella dice: «Cuando escucho a una mujer decir que ‘todos los hombres son iguales’ me acerco y le digo: ¿No será que todas tus decisiones son estúpidas» (at Parque Kennedy - Miraflores)

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Si tu vida fuera una película ¿Que canciones vendrían en el Soundtrack? :) (at Parque Kennedy - Miraflores)
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Si tu vida fuera una película ¿Que canciones vendrían en el Soundtrack? :) (at Parque Kennedy - Miraflores)

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El secreto para cantar bien es no quitarse los audífonos. (at Parque Kennedy - Miraflores)
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El secreto para cantar bien es no quitarse los audífonos. (at Parque Kennedy - Miraflores)